HANK es un exoesqueleto de miembro inferior no robótico; con un modelo de movimiento lo más natural posible, por lo que el proceso de rehabilitación es más rápido y mejor.
Esta diseñado para la rehabilitación de adultos entre 1,50 y 1,95 m de altura, con un peso corporal máximo de 100 kg, como pacientes con derrame cerebral tras sufrir insultos neurológicos. También se puede utilizar para la compensación de la marcha en pacientes con parálisis de las extremidades inferiores después de lesiones de la médula espinal. Está concebido para el entrenamiento de la marcha sobre el suelo en un entorno clínico como un dispositivo portátil bilateral con seis grados de libertad (DoF), en el que cadera, rodilla y tobillo son articulaciones motorizadas. El diseño mecánico se basa en varios criterios: un diseño de exoesqueleto debe ser ergonómico, cómodo y ligero, con una estructura fuerte, adaptable a diferentes usuarios y con la seguridad en mente. En HANK, el aluminio 7075 se utiliza principalmente en la estructura mecánica teniendo en cuenta la resistencia mecánica y la ligereza.
El dispositivo final pesa unos 12 kg, incluyendo su batería. El marco del exoesqueleto tiene montantes bilaterales para el muslo y la pierna, cadera, rodilla y tobillos articulados y reposapiés articulados (distal) y un soporte para la cintura (proximal). El rango de movimiento (ROM) en las articulaciones actuadas está limitado mecánicamente por razones de seguridad.
«Gogoa Mobility Robots es la primera empresa europea que ha conseguido la homologación como fabricante de este tipo de equipamiento médico”, declara Carlos Javier Fernández, ingeniero mecatrónico (diseño y construcción de maquinaria como robots y productos inteligentes) y director general de esta compañía española.
El exoesqueleto y producto estrella de Gogoa se llama Hank, el primero con certificado CE, y es una estructura portátil que permite tratar a pacientes con lesiones que afectan a la movilidad de las extremidades inferiores.